Nubarrones ocultan el cielo, parece que la tormenta descargará la potente lluvia de un momento a otro. Las temperaturas han disminuido, el viento azota los árboles ya frondosos con toda su furia, llevándose consigo las hojas marchitas que generan en esta época del año. Pero no, las nubes se aclaran y el riesgo de que las calles de la ciudad se conviertan en ríos disminuye, aunque no desaparece. Entonces, ¿va a llover o no? La espera se hace interminable, y la esperanza de que el sol vuelva a asomar, constante... Mientras tanto, paraguas en mano, se camina con precaución, nunca se sabe cuándo y dónde caerá la primera gota. Aunque por desgracia, no existe ningún paraguas capaz de soportar cualquier tormenta, el agua siempre acaba mojándolo todo. Sólo queda el consuelo de saber que la oscuridad que producen las tormentas siempre se acaba aclarando, y la calma se instalará de nuevo.
sábado, 28 de marzo de 2009
sábado, 7 de marzo de 2009
Insomnio
Son las tres de la mañana y no puedo dormir, solo ver videos me hace sonreír. Cualquiera que conociese mi caso me diría que me preocupo demasiado por todo... Tal vez por eso me hago llamar doctor Fernández. Pero tengo ese defecto, si alguien que me importa lo está pasando mal, yo también estoy mal, es algo inevitable. Y si considero que algo es injusto, tengo que controlar y mucho mis impulsos porque lo único que quiero es gritar lo que pienso, sin importar las consecuencias. Es precisamente cuando pienso en ellas cuando mi cabeza no deja de dar vueltas una y otra vez, porque el problema, a priori, no tiene solución alguna... Pero no es mi problema, y al mismo tiempo no es algo ajeno a mi. ¿Debo entonces dejarlo estar como si nada estuviese pasando? ¿Debo ver como los que me rodean no lo están pasando bien y no pueden hacer nada para remediarlo? ¿Por qué siempre pagan justos por pecadores? Demasiadas preguntas sin respuestas claras. Mientras sólo quiero dar un abrazo a ese loco para expresarle que entiendo su situación más de lo que piensa, él y los otros nueve están tranquilamente en compañía de Morfeo. Creo que yo también voy a hacerle una visita...
¿Qué somos?
Muchas veces me hago esa pregunta. Hace tiempo que dejamos atrás la niñez, esa etapa en la que no era necesario pensar ni tomar decisiones, en la que las mayores consecuencias de tus actos eran estar sin ver la tele una semana o quedarte sin aquel juguete que tanto ansiabas. Pero tampoco somos adultos, el dinero y la estabilidad que supone tener un hogar que no tienes que mantener llega por vía paterna, lo que lleva a decir que no somos tan independientes como creemos. Entonces solo hay un estado que define nuestro comportamiento ante la vida: la adolescencia. Era incierto que éste período acabase con el instituto, era falso que aprobando un examen serías más adulto, era una gran mentira que entrando en la universidad madurarías... o tal vez esto último sea verdad; lo que si es cierto es que cinco meses no son suficientes para aprender a tomar decisiones, para saber afrontar responsabilidades, para tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos, para dejar de anteponer tus caprichos a los propios amigos... La inmadurez nos define, sea para bien o para mal. Entonces, ¿debemos reprochar el comportamiento del prójimo? Ganas no me faltan, pero la paciencia y la razón se apoderan de mi ser.
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