sábado, 28 de marzo de 2009

La tormenta

Nubarrones ocultan el cielo, parece que la tormenta descargará la potente lluvia de un momento a otro. Las temperaturas han disminuido, el viento azota los árboles ya frondosos con toda su furia, llevándose consigo las hojas marchitas que generan en esta época del año. Pero no, las nubes se aclaran y el riesgo de que las calles de la ciudad se conviertan en ríos disminuye, aunque no desaparece. Entonces, ¿va a llover o no? La espera se hace interminable, y la esperanza de que el sol vuelva a asomar, constante... Mientras tanto, paraguas en mano, se camina con precaución, nunca se sabe cuándo y dónde caerá la primera gota. Aunque por desgracia, no existe ningún paraguas capaz de soportar cualquier tormenta, el agua siempre acaba mojándolo todo. Sólo queda el consuelo de saber que la oscuridad que producen las tormentas siempre se acaba aclarando, y la calma se instalará de nuevo.

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