Muchas veces me hago esa pregunta. Hace tiempo que dejamos atrás la niñez, esa etapa en la que no era necesario pensar ni tomar decisiones, en la que las mayores consecuencias de tus actos eran estar sin ver la tele una semana o quedarte sin aquel juguete que tanto ansiabas. Pero tampoco somos adultos, el dinero y la estabilidad que supone tener un hogar que no tienes que mantener llega por vía paterna, lo que lleva a decir que no somos tan independientes como creemos. Entonces solo hay un estado que define nuestro comportamiento ante la vida: la adolescencia. Era incierto que éste período acabase con el instituto, era falso que aprobando un examen serías más adulto, era una gran mentira que entrando en la universidad madurarías... o tal vez esto último sea verdad; lo que si es cierto es que cinco meses no son suficientes para aprender a tomar decisiones, para saber afrontar responsabilidades, para tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos, para dejar de anteponer tus caprichos a los propios amigos... La inmadurez nos define, sea para bien o para mal. Entonces, ¿debemos reprochar el comportamiento del prójimo? Ganas no me faltan, pero la paciencia y la razón se apoderan de mi ser.
sábado, 7 de marzo de 2009
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